El futuro reflexiones para Temuco, una mirada cultural

    Resultado de imagen para nerud Y MISTRAL


    Mirar al futuro es proyectarse en el tiempo. Para poder realizar este ejercicio, es necesario que sepamos las condiciones en las que nos encontramos y, cosa fundamental, ver hacia los sucesos del pasado para hacernos de las ideas en que se originan nuestras características e identidad comunitaria, ciudadana. Para eso, es necesario recuperar nuestra memoria, saber de qué estamos hechos, saber qué nos constituye como personas y como colectivo humano.

    Mirar el futuro es mirarnos y aceptarnos con nuestras características, saber quiénes somos, tener conciencia de nuestras fortalezas y debilidades con el objeto de saber hasta dónde podemos llegar. Eso es misión.

    Bien podemos concentrarnos en nuestras carencias, la falta de oportunidades o destacar la desigualdad, el desencuentro y la centralización, las deudas para con el pueblo mapuche en materia territorial y de derechos o la violencia de Estado o la ejercida por grupos que hasta el momento la justicia no ha logrado sacar del anonimato y que realizan atentados a los aparatos de producción de los grandes grupos económicos, la falta de reparación a víctimas de todo el espectro político y un suma y sigue.

    En contraste, debemos también orientar nuestro foco a lo que nos puede enorgullecer como ciudad o región y es ahí donde tenemos mucho que aportar como capital regional, pero también muchas lecciones que recoger, donde personalidades que vivieron en este lugar, como Pablo Neruda o Juan Emar, pueden servirnos de ejemplo: uno ganador del premio nobel de literatura el año 1971, político y diplomático, reconocido en el mundo entero; el otro, narrador de corte mundial, que buscó en los campos de Quintrilpe la concentración y la paz para terminar una obra descomunal y visionaria, comparado sólo con los más grandes y que pasó por estas tierras en el más completo de los anonimatos, como habría sido el caso del escritor Francisco Ortega, el superventas chileno oriundo de Victoria y que estudiara en la Universidad de la Frontera, si no hubiera migrado a Santiago buscando verdaderas oportunidades que logró utilizar en su beneficio, oportunidades que acá no habría tenido de ninguna manera. Mismo caso que ocurriera con Gabriela Mistral, que durante los años que vivió en Temuco, se vio forzada a abandonar la ciudad por la falta de oportunidades y rechazo que encontró en gran parte de la población a su labor, perdiéndonos así la oportunidad de tenerla como una de nuestras grandes ciudadanas. No podemos darnos el lujo de perder a nuestras personalidades que deben migrar a otras latitudes para realizar sus sueños; tenemos el deber de entregar las oportunidades a quienes trabajan para desarrollarse y desarrollar la comunidad. Casos como estos los podemos ver en el campo de la ciencia y el deporte, el pensamiento y la innovación, en el mundo empresarial y social. Son las personas de bien y que han colaborado al desarrollo de la ciudad, la región, el país y el mundo las que tenemos el deber de seguir, destacar y valorar, porque es en ellas que encontraremos, sin duda, indicios para construir una sociedad mejor en sus múltiples dimensiones y que sólo con un cuerpo social y autoridades concientes de esto es que podríamos desarrollarnos como una ciudad que se pretende inteligente, dinámica e inclusiva.

    Oportunidades, apertura, diálogo, diversidad, interetnicidad, historia, memoria, respeto y proyección son los aspectos y dimensiones que tenemos el deber de fomentar para, desde una buena base, saltar lo más lejos posible. Necesitamos valorar y valorarnos, acompañándonos y cuidando el buen vivir de la población, de la ciudadanía en pro del fortalecimiento de nuestra identidad y de las condiciones de vida de quienes tenemos el orgullo de pertenecer a esta ciudad y región, un verdadero crisol donde se funden las cuestiones relevantes de nuestro país, que virtuosamente pueden direccionarse al futuro.

    Ramiro Villarroel Cifuentes.

    Escritor.